Lo que no me gusta de los días de lluvia es el hecho de que no puedo ver la Luna, ya que es una de las pocas cosas que me tranquiliza, que me hace sentir pertenencia a algún lado.
Al llegar la noche, me gusta contemplar su brillo, a veces la busco como desesperado hasta encontrarla.
Esa sensación de que todo se va a poner en su lugar, de que puedo respirar sin preocuparme por el futuro, ya que vivo presionado por el porvenir, es lo que me gusta buscar, y sentir, al perder mi vista y mis pensamientos en la Luna.
Es ella, quien me cautiva con su mirada tan brillante, quien al mirarme tan fijamente me ayuda a conocer mi lugar, siempre a su lado, girando junto a ella.
jueves, 11 de mayo de 2017
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